Daniel Cuberta

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Mira dormir a tus seres queridos, a los presidentes del gobierno, recuerda tus ex novias dormidas, a los gatos en el sofá, mira, o imagina, al menos, a la gente, a quien se te ocurra, durmiendo. No tenemos la seguridad completa de si duermen o se hacen los dormidos, no quieres despertarlos para comprobarlo, es más, qué vas a comprobar, nada puedes comprobar; en los cementerios tienen toda esa tierra encima y esas piedras de aspecto pesadísimo; es más fácil pensar que están realmente muertos que pensar que simplemente se hacen los muertos. Casi con toda seguridad están muertos. Pero mira a tus ex presidentes del gobierno dormidos en el sofá, a tus ex novias, a tus gatos queridos, qué vas a comprobar, nada puedes comprobar.

 

Hace años, siendo yo muy joven, había un chaval al que veía regularmente por la zona de bares por la que yo andaba, cuesta creerlo, pero éramos muy pocos los que salíamos habitualmente por estos sitios, así que nos conocíamos de vista y con el tiempo acababas hablando con unos y otros, sabías que este era de tal barrio, este de aquel otro, etcétera. Este chico en concreto era un aficionado a la música glam y se vestía como tal, parecía un superhéroe gordito y de fiesta, con purpurina en las mejillas, maquillaje en la cara y trajes de malla pegados a su cuerpo regordete. Una de esas noche este se dedicaba a recoger firmas, -nada más, nada menos- para que fuese siempre de noche; siempre de noche, una sucesión de momentos divertidos en los bares, vestidos de superhéroe. Donde estará ahora ese documento, esa importante reivindicación, confiadamente secundada y firmada por mí, donde estará, ahora que aquí es siempre de noche y no hay nada que yo pueda hacer para evitarlo.

 

Míralos hacerse los dormidos, despiértalos a ver para comprobarlo, pero qué vas a comprobar, nada puedes comprobar; es posible quizá que ahora mismo todos esos dormidos se hagan los despiertos, virtuosos que reproducen a la perfección su papel de despiertos pero en realidad lo que están es dormidos; es cierto que eso requiere más talento que lo contrario: piensas que es más fácil hacerse los dormidos estando despiertos que hacerse los despiertos mientras estás dormido; talento, dedicación, concentración, quizá horas de ensayo, a saber qué, pero claramente algo más, no es difícil admirar a todos esos virtuosos durmientes falsamente despiertos.

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