Soria

(Obra de teatro,
dos actores: ROSA y DIRECTOR)

DIRECTOR.- Aquí os traigo datos fresquitos de la OMS:
Organización Mundial del Suicidio;
de la que el director de esta obra, yo mismo,
en tanto experto en técnicas del suicidio teatral,
formo parte:
ROSA.- (lee) “En el mundo se suicidan cada día 2700 personas
y lo intentan 54000”.
DIRECTOR.- 51300 personas
llevan a cabo suicidios fallidos,
cada día,
¿cuántos de ellos son puro teatro?
¿A cuántos de ellos
podría asesorar un director teatral,
como yo, especialista en suicidios teatrales?
ROSA.- A ninguno, querido director mío,
ni uno sólo de ellos es un acto teatral.
He ahí un rabioso acto de vida.
He ahí un acto solitario, desesperado,
nadie quiere asesoramiento técnico,
y quizá todos necesitan amor y atención.
DIRECTOR.- ¿Un teléfono de la esperanza?
ROSA.- Un teléfono de la desesperanza.

DIRECTOR.- Si son 54000 al día los que lo intentan,
¿cuántos más, cuántos otros,
sin llegar a intentarlo,
lo rodean, lo paladean, lo tientan, no se lo quitan de la cabeza?
¿Cuántos, Rosa?
Rosa se abre de brazos, exageradamente,
en gesto de desconocimiento, mientras niega con la cabeza.
ROSA.- Quizá sean de esos
de los que dejan para mañana
lo que pudieron hacer hoy;
los que hoy no,
pero mañana, pasado mañana,
un día de estos,
el terrible día del anti-cumpleaños,
formarán parte de la cifra de los 54.000,
hasta cumplir y llegar
a la media diaria
que la OMS anuncia
y espera.

DIRECTOR.- Rosa, cómo he de decirlo.
Déjame que te cuente, de esto me acuerdo:
en una ocasión se enfrentaban
en un partido de copa del rey
el Numancia de Soria contra el FC Barcelona.
El comentarista dijo que en el Camp Nou
cabía la totalidad de la provincia de Soria.
ROSA.- Es rigurosamente cierto, lo he comprobado:
Soria: 95.223 habitantes.
Camp Nou; 99.354 espectadores.
DIRECTOR.- Bien, cómo he de decirlo;
la ciudad de Soria se suicida, entera,
cada dos días.
Lo intenta, al menos.
Pero lo intenta en serio.
O quizá teatralmente.
Mira a Rosa, esperando su reacción,
ella niega, molesta, con la cabeza.
ROSA.- ¿Teatralmente?
Ninguno, querido director mío.
Ni uno sólo de ellos es un acto teatral.
El director se une a las palabras de Rosa,
las declaman al unísono:
ROSA y DIRECTOR.- He ahí un rabioso acto de vida.
He ahí un acto solitario, desesperado,
nadie quiere asesoramiento técnico,
y quizá todos necesitan amor y atención.

DIRECTOR.- Dije quizá, o quizá no dije nada.
Déjame que vuelva a mis sorianos suicidas.
La mitad de la provincia de Soria:
fuera, out, vacía, cada día.
Un rosario de muertos.
Recojan a los cadáveres,
recojan a sus cadáveres.
Cada dos días no queda nadie.

Es de suponer
que el suicidio sería la gran industria local,
sogas, pistolas, barbitúricos,
qué frenesí de adquisiciones.
Necesitarán asistentes, directores de escena…
Nuevo cruce de miradas con Rosa,
que se lleva las manos a la cabeza.

DIRECTOR.- Bien, cada dos días se suicida,
o lo intenta, la provincia entera de Soria,
o el aforo completo del Camp Nou de Barcelona,
a elegir.
¿De cuántas provincias de Soria
o estadios del FC Barcelona disponemos
antes
de la (auto) aniquilación definitiva?
ROSA.- ¿Quieres que haga las cuentas,
en serio, querido director, quieres que haga las cuentas?
DIRECTOR.- No.
El mundo entero se está suicidando.
Y no hablo del calentamiento global,
la barbarie destructiva del supuesto progreso,
o del fin del petróleo;
no hablo de ese suicidio,
que suicidio es, al fin y al cabo.

Hablo de la acción directa,
del terrible acto,
de la mano de cada soriano
alzándose contra el cuello de cada mismo soriano.

Golpe a golpe
soriano a soriano,
el mundo entero
se está suicidando.

Avanza en silencio.

DIRECTOR.- Estaré al otro lado
del teléfono de la desesperanza
y escucharé
¿cuántas llamadas, cada día, cuántas llamadas, Rosa?
Rosa repite su gesto
de desconocimiento e incapacidad
ante lo inabarcable.
Y les diré, ¿qué les diré?

Rosa empieza, el director se une a continuación:
ROSA y DIRECTOR.- Les dirás
que ni uno sólo de ellos es un actor teatral.
Y que el suyo no es un acto teatral.
Que es un rabioso acto de vida.
He ahí un acto solitario, desesperado.
Y que la rabia es hermosa, y la desesperación es hermosa.
Les dirás,
por ejemplo, que su rabia y su desesperación
no están muy lejos de su amor y de su atención,
y ese amor y esa atención que dan
pronto les vendrán de vuelta.

DIRECTOR.- Les diré las palabras necesarias,
las medias mentiras, las medias verdades
del teléfono de la desesperanza;
y no les he de decir,
sin embargo,
que los vomitorios vomitan sorianos
que acuden al Camp Nou
como nuestras vidas van hacia la muerte,
como los ríos van hacia la mar.

Eso era un río, ahora esto es el mar.
Esto es el mar, y esto es el Camp Nou,
el teatro de los sueños, y aquí,
César, los sorianos que van a morir,
te saludan.