Valla

Pusieron una valla.

Una valla larga como la muralla china,
inmensa,
tan larga que nadie podía ver
donde acababa,
donde empezaba.

Los que estaban a un lado
creían que los que estaban al otro
estaban encerrados;
los del otro lado
daban por sentado, en cambio,
que eran los de enfrente
los encerrados.

Unos y otros
aliviados y contentos
de que fueran los otros
y no ellos
los encerrados.